Exoplanetas habitables: cómo el JWST redefinió la búsqueda de vida
El Telescopio James Webb ha transformado la detección de biosignaturas en atmósferas de exoplanetas lejanos. Estado actual de la investigación.
Exoplanetas, biosignaturas, telescopios de nueva generación y la búsqueda sistemática de vida fuera de la Tierra. El estado actual de la ciencia que más ha cambiado en los últimos cinco años.
El 25 de diciembre de 2021, el cohete Ariane 5 depositó en el espacio el instrumento científico más caro y ambicioso jamás construido: el Telescopio Espacial James Webb (JWST). Su coste de desarrollo superó los 10.000 millones de dólares, su construcción llevó más de dos décadas, y su despliegue —un proceso de 344 "puntos de fallo únicos" que debían ejecutarse correctamente en secuencia— fue seguido en tiempo real por astrónomos de todo el mundo con una mezcla de orgullo y angustia.
Tres años después, los datos del JWST han reescrito varios capítulos del manual de astrofísica y han abierto una nueva disciplina práctica: la astrobiología observacional. Por primera vez en la historia, detectar trazas de moléculas en la atmósfera de un planeta a 120 años luz de distancia no es una aspiración teórica sino un resultado experimental reproducible.
El primer exoplaneta confirmado orbitando una estrella similar al Sol fue 51 Pegasi b, detectado por Michel Mayor y Didier Queloz en 1995 —un logro que les valió el Premio Nobel en 2019. La técnica empleada, la velocidad radial, mide el bamboleo que provoca un planeta en su estrella. Durante los años siguientes, este método fue el dominante y produjo un catálogo sesgado hacia los llamados "Júpiteres calientes": planetas gaseosos masivos en órbitas muy cercanas a su estrella, fáciles de detectar pero probablemente raros en el universo.
La misión Kepler (2009-2018) de la NASA cambió el panorama radicalmente. Usando el método de tránsito —detectar la disminución de brillo de una estrella cuando un planeta pasa por delante de ella— Kepler confirmó más de 2.600 exoplanetas y estimó que la galaxia podría contener cientos de miles de millones de planetas, muchos de ellos en la zona habitable de sus estrellas. Los "súper-Tierras" (planetas rocosos de entre 1.5 y 2 veces el radio terrestre) son, según Kepler, los planetas más comunes en la Vía Láctea.
A principios de 2025, el Archivo de Exoplanetas de la NASA registraba más de 5.700 exoplanetas confirmados con miles de candidatos adicionales. El TESS (Transiting Exoplanet Survey Satellite), sucesor de Kepler, se concentra en estrellas más brillantes y cercanas, produciendo candidatos que el JWST puede luego caracterizar en detalle.
El JWST opera principalmente en el infrarrojo, lo que le permite penetrar nubes de polvo cósmico opacas al Hubble y detectar la radiación térmica de planetas lejanos. Tres instrumentos son clave para la astrobiología: el NIRSpec (espectrógrafo de infrarrojo cercano), el NIRCam (cámara de infrarrojo cercano) y el MIRI (instrumento de infrarrojo medio).
El primer logro espectroscópico del JWST fue la detección inequívoca de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera de WASP-39b, un Júpiter caliente a 700°C publicado en julio de 2022. Aunque no tiene implicaciones astrobiológicas —ningún organismo conocido podría sobrevivir a esas temperaturas— demostró que el NIRSpec puede identificar moléculas específicas con una precisión suficiente para el trabajo de búsqueda de biosignaturas.
La detección más discutida llegó en septiembre de 2023: datos del NIRCam y NIRSpec de K2-18b, un sub-Neptuno de 8.6 masas terrestres a 124 años luz en la constelación de Leo. El espectro mostró señales compatibles con metano, CO₂ y, de forma tentativa, sulfuro de dimetilo (DMS). En la Tierra, el DMS es producido casi exclusivamente por fitoplancton marino. Si la señal se confirma, sería la primera evidencia observacional —indirecta, estadística, pero observable— de que podría existir vida en otro planeta.
La comunidad científica fue cautelosa, correctamente. La señal de DMS se encontraba al nivel de 2-sigma, muy por debajo del estándar de 5-sigma que la astrofísica exige para hablar de "descubrimiento". Los equipos de seguimiento han acumulado observaciones adicionales durante 2024 y 2025: la señal persiste pero las incertidumbres se mantienen. K2-18b es un candidato extraordinariamente interesante, no una respuesta.
El concepto de "mundo hycean" fue acuñado por Nikku Madhusudhan (Universidad de Cambridge) en 2021 para describir una categoría de exoplaneta que la astrobiología había ignorado sistemáticamente: masivos (1.5-2.5 radios terrestres), con temperatura superficial templada y un océano global cubierto por una atmósfera densa de hidrógeno. K2-18b es el prototipo.
La importancia del concepto es doble. En primer lugar, amplía dramáticamente la zona habitable: el efecto invernadero del hidrógeno extiende hacia afuera el rango de temperaturas donde el agua líquida puede existir, incluyendo distancias orbitales donde un planeta rocoso tipo Tierra estaría congelado. En segundo lugar, los mundos hycean son más fáciles de caracterizar espectralmente que los planetas rocosos tipo Tierra porque sus atmósferas más densas producen señales más pronunciadas que el JWST puede detectar en menos tiempo de observación.
La vida en un mundo hycean sería microbiana y oceánica, probablemente quimiosintética —similar a los ecosistemas que proliferan en las fuentes hidrotermales del fondo del Pacífico, independientes de la luz solar. Una biosfera así podría producir DMS en concentraciones detectables desde el espacio, si los modelos de productividad biológica son correctos.
Detectar una biosignatura no es detectar vida. Cada molécula candidata tiene rutas de síntesis abiótica. El O₂ puede generarse por fotólisis del agua. El metano tiene fuentes geológicas abundantes. El DMS tiene rutas fotoquímicas en atmósferas de hidrógeno que todavía no están completamente modeladas.
La solución que la comunidad científica ha adoptado es buscar "desequilibrios termodinámicos": combinaciones de moléculas que no coexistirían en equilibrio sin la intervención continua de un proceso biológico. El O₂ y el CH₄ en equilibrio en una atmósfera es la señal más robusta: el metano se oxida rápidamente, por lo que si coexiste con oxígeno en cantidades significativas, algo tiene que estar reponiendo continuamente el metano. En la Tierra, ese algo son los organismos metanogénicos.
Para K2-18b, la pregunta es si la combinación CH₄ + CO₂ + ausencia de CO + posible DMS es más consistente con procesos biológicos o con la fotoquímica de una atmósfera rica en hidrógeno. La respuesta, honestamente, todavía no está clara. Lo que sí está claro es que la pregunta es ahora empírica, no especulativa.
Mientras el JWST mira hacia afuera, otras misiones estudian la habitabilidad dentro del sistema solar. Europa Clipper, lanzada en octubre de 2024, está en camino hacia Europa, la luna de Júpiter con un océano de agua líquida bajo su corteza de hielo. La misión llegará en 2030 y realizará docenas de sobrevuelos, buscando plumas de material que escapen al espacio —similares a las que Cassini encontró en Encélado— y caracterizando la composición del océano.
Encélado, la luna de Saturno, sigue siendo uno de los candidatos más sólidos a albergar vida en el sistema solar. Sus géiseres arrojan agua, hielo, sales orgánicas, hidrógeno molecular e incluso fósforo —todos los ingredientes que los astrobiólogos consideran esenciales— directamente al espacio. Una misión orbitera dedicada a Encélado es una de las prioridades científicas más citadas en los informes decadales de la NASA, aunque todavía no tiene financiación asignada.
El Extremely Large Telescope (ELT), que comenzará operaciones en 2028 en el desierto de Atacama, añadirá una capacidad que el JWST no tiene: la observación directa de exoplanetas mediante óptica adaptativa de alta resolución. Con su espejo de 39 metros, el ELT podrá separar la luz de un exoplaneta de la de su estrella anfitriona para ciertos tipos de sistemas, permitiendo caracterizar atmósferas de planetas que el JWST no puede estudiar.
A más largo plazo, el concepto LIFE (Large Interferometer for Exoplanets) propone combinar varios telescopios espaciales en formación para crear un interferómetro que anule la luz estelar y estudie directamente la luz de planetas rocosos tipo Tierra. La sensibilidad resultante permitiría detectar biosignaturas en planetas similares a la Tierra en un radio de decenas de años luz. La propuesta está en fase de estudio por la ESA; su implementación, de aprobarse, se situaría en los años 2030-2040.
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El Archivo de Exoplanetas de la NASA registraba más de 5.700 exoplanetas confirmados a principios de 2025, con miles de candidatos adicionales pendientes de verificación procedentes del telescopio Kepler y del TESS.
Una biosignatura es una molécula cuya presencia en la atmósfera de un exoplaneta no se puede explicar fácilmente por procesos puramente geológicos o fotoquímicos. Se detectan mediante espectroscopia de tránsito: cuando un planeta pasa frente a su estrella, parte de la luz estelar atraviesa la atmósfera planetaria y deja una huella espectral característica que instrumentos como el NIRSpec del JWST pueden analizar.
Un mundo hycean es un planeta de masa intermedia (entre 1.5 y 2.5 radios terrestres) con un océano global cubierto por una atmósfera densa de hidrógeno. A diferencia de los planetas rocosos tipo Tierra, los mundos hycean son más grandes, más fáciles de detectar espectralmente y podrían extender la zona habitable más allá de los límites clásicos gracias al efecto invernadero del hidrógeno.
K2-18b es un exoplaneta de tipo sub-Neptuno a 124 años luz que orbita en la zona habitable de su estrella. Datos del JWST publicados en 2023 detectaron posibles trazas de sulfuro de dimetilo (DMS), una molécula producida en la Tierra casi exclusivamente por organismos vivos. Aunque la señal no es concluyente, convierte a K2-18b en un candidato prioritario para observaciones futuras.
El Extremely Large Telescope (ELT) de ESO, ubicado en el desierto de Atacama (Chile), está previsto para su primera luz en 2028. Con su espejo primario de 39 metros, será el telescopio óptico-infrarrojo más grande del mundo y tendrá capacidad para caracterizar atmósferas de exoplanetas rocosos directamente.
Es una técnica que analiza el espectro de luz de una estrella mientras su planeta pasa por delante de ella. Parte de la luz estelar atraviesa la atmósfera del planeta y es absorbida de forma característica por las moléculas presentes. Midiendo estas diferencias espectrales, los astrónomos pueden inferir la composición química de la atmósfera exoplanetaria.
Los anillos de Saturno están perdiendo masa continuamente a través de un proceso llamado 'lluvia de anillos': las partículas de hielo se ionizan por la radiación ultravioleta, quedan atrapadas en el campo magnético de Saturno y precipitan hacia la atmósfera del planeta. Las mediciones de la misión Cassini estiman que los anillos desaparecerán en 100-300 millones de años.
La zona habitable clásica (o zona habitable de Goldilocks) es el rango de distancias a una estrella donde el agua líquida puede existir en la superficie de un planeta rocoso con presión atmosférica similar a la terrestre. La zona habitable extendida incluye planetas donde la presión interna (oceánica), el efecto invernadero de diferentes composiciones atmosféricas o el calentamiento de mareas amplían las condiciones donde la vida podría prosperar.
El JWST es el sucesor del Hubble, lanzado en diciembre de 2021. Opera principalmente en el infrarrojo, lo que le permite penetrar nubes de polvo cósmico y detectar las galaxias más distantes. Su capacidad para analizar atmósferas exoplanetarias con resolución espectral sin precedentes ha abierto una nueva era en la astrobiología observacional.
Técnicamente sí, aunque en la práctica es muy difícil. El O₂ tiene una señal espectral débil en el infrarrojo donde opera principalmente el JWST. Para un planeta rocoso en la zona habitable de una estrella tipo Sol, se necesitarían miles de horas de observación para detectar oxígeno de forma inequívoca. Los mundos hycean como K2-18b son más accesibles porque su atmósfera es más densa y produce señales más pronunciadas.
TESS (Transiting Exoplanet Survey Satellite) es un telescopio de la NASA lanzado en 2018 cuyo objetivo es catalogar exoplanetas candidatos alrededor de estrellas brillantes y cercanas. Funciona como un 'buscador' de candidatos que luego el JWST puede estudiar en detalle: TESS identifica qué planetas transitan, el JWST analiza sus atmósferas.
TRAPPIST-1 es una enana roja ultrafría a 40 años luz que alberga siete planetas rocosos, tres de ellos en la zona habitable. Es el sistema con más planetas en la zona habitable conocido hasta ahora. Sin embargo, las observaciones del JWST sobre TRAPPIST-1c sugieren que podría tener una atmósfera muy tenue, lo que complica las perspectivas de habitabilidad.
La Pioneer 10 fue lanzada en 1972 y fue la primera nave espacial en cruzar el cinturón de asteroides y alcanzar Júpiter. Las sondas Voyager 1 y 2 (lanzadas en 1977) son las que han llegado más lejos: Voyager 1 cruzó la heliopausa en 2012 y actualmente se encuentra a más de 23.000 millones de kilómetros de la Tierra, en el espacio interestelar.
La interferometría espacial combina varios telescopios separados por grandes distancias para actuar como un único telescopio gigante. El concepto LIFE (Large Interferometer for Exoplanets), propuesto a la ESA, usaría esta técnica para anular la luz de la estrella y estudiar directamente la luz del planeta, permitiendo detectar biosignaturas en planetas rocosos tipo Tierra con una sensibilidad imposible para telescopios individuales.
La estrella más cercana es Próxima Centauri, a 4.24 años luz. Alberga al menos dos planetas: Próxima b, en la zona habitable, y Próxima d, descubierto en 2022. Sin embargo, Próxima Centauri es una enana roja activa que emite potentes erupciones de radiación, lo que complica las perspectivas de habitabilidad de sus planetas.
El Hubble sigue siendo un instrumento científico de primer nivel. Opera en el ultravioleta y en el óptico visible, donde el JWST tiene sensibilidad limitada. Los dos telescopios son complementarios: mientras el JWST estudia las atmósferas de exoplanetas en el infrarrojo y las galaxias más distantes, el Hubble continúa cartografiando el universo en longitudes de onda que el JWST no puede cubrir.
Lead_Investigator // Esta sección
Elena Vidal Marcos
[ MSc Biología Molecular // UAM Madrid ]
Esta sección es curada por Elena Vidal Marcos, periodista científica con más de diez años de experiencia en divulgación astronómica y astrobiología. El contenido se basa en artículos revisados por pares publicados en Nature, The Astrophysical Journal, y comunicados del NASA Exoplanet Archive.